Según el Corán, el propósito principal de la creación de los genios y los humanos es la adoración a Dios. El Corán dice: "Y no creé a los genios y a los humanos sino para que Me adoren." (Corán, Az-Zariyat 51:56). Los eruditos explican que esta adoración (ibadah) no se limita a rituales específicos, sino que abarca un reconocimiento profundo y una sumisión a la voluntad divina.
El erudito Fahreddin Râzî en su obra Mefâtîhu'l-Gayb (V32/P082–V32/P083) enfatiza que la verdadera pérdida (khusr) para el ser humano es ser privado del servicio a su Señor. Las demás pérdidas, como el castigo en el Infierno, son insignificantes en comparación. Por lo tanto, la vida tiene sentido cuando se orienta hacia la adoración y el reconocimiento de Dios. Râzî también señala que la vida terrenal, si no se dedica a la adoración, puede ser una forma de pérdida, ya que el tiempo es un capital valioso que se desperdicia si no se utiliza para acciones que perduren.
Ibn Kesîr, en su Tefsîrü'l-Kur'âni'l-Azîm (V07/P423–V07/P426), aclara que la adoración mencionada en el versículo no es por necesidad de Dios, sino para el beneficio de la humanidad. Dios es autosuficiente y no requiere nada de Sus criaturas. La adoración es, en esencia, un acto de reconocimiento de la soberanía divina y una vía para obtener la recompacción divina.
Además, el Corán también menciona la importancia del conocimiento y la comprensión. Fahreddin Râzî en Mefâtîhu'l-Gayb (V02/P181–V02/P182) sugiere que la superioridad del ser humano sobre otros animales radica en su capacidad para el conocimiento y la comprensión de las verdades divinas, lo que le permite dedicarse a la adoración de Dios. El conocimiento es visto como el "espíritu del espíritu" y la luz de la luz.
El Corán también advierte sobre la naturaleza transitoria y engañosa de la vida terrenal. Kurtubî en el-Câmi' li-Ahkâmi'l-Kur'ân (V17/P253–V17/P256) cita el versículo que describe la vida mundana como "juego y diversión, ornamento y jactancia entre vosotros, y multiplicación de riquezas e hijos". Se compara con la lluvia que hace crecer la vegetación, pero que luego se seca y se desmorona. Por lo tanto, la vida terrenal es solo un "disfrute engañoso" (matâ' al-ghurûr).
En resumen, el propósito fundamental de la vida, según las fuentes islámicas proporcionadas, es la adoración a Dios, que implica el reconocimiento, la sumisión y la dedicación de la vida a Él. El conocimiento juega un papel crucial en esta comprensión y práctica, mientras que la vida terrenal debe ser vista como temporal y un medio para alcanzar la recompensa eterna, no como un fin en sí misma.